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*Si es usted alérgico a los mariscos, podemos recomendarle otros destinos
Preocupados por la educación, Dulcamara Inc. ha decidido dar un servicio gratuito a la comunidad, publicando de vez en cuando pasajes históricos que cambiaron al mundo, y que toda persona debería conocer. (Sabemos que todos están muy ocupados twitteando, descargando música y contando motas de polvo como para realizar estudios historiográficos)
Hoy presentamos: La guerra de los 30 minutos o menos
Pocas guerras aterrorizan tanto a la humanidad como aquellas cimentadas en el odio y la discriminación. Tal es el caso de la guerra de los 30 minutos o menos, un conflicto sanguinario que se extendió por toda Europa. Una guerra sin sentido iniciada por un sólo hombre.
El general Heinz Bürgen fue un destacado militar de la ciudad de Hamburgo. Su talento para la estrategia, liderazgo innato y buen sazón le garantizaron un rápido acenso en la cadena militar. Sin embargo, más allá sus logros en el ejercito, era conocido por ser un apasionado de las hamburguesas, a las que consideraba el más perfecto de los manjares.
El general desayunaba, comía y cenaba hamburguesas. Su fanatismo por la comida le valió el apodo de Barón de la Hamburguesa, con el que se le conoció hasta el día de su muerte. Durante la segunda mitad del siglo XX, un grupo de inmigrantes italianos se instaló en Hamburgo para abrir una pizzería. El negocio fue un éxito, pero al Barón le pareció una atrocidad.
Desde su perspectiva, en el mundo no había lugar para otro tipo de comida rápida. Las hamburguesas eran una raza pura, un cúmulo de sabores y nutrientes sin comparación, el resto era una burda imitación, una amenaza que debía ser destruida.
El Barón organizó sus tropas en secreto. Se valió de la propaganda y su carisma para reunir una armada fanática. El primer ataque fue devastador. En mitad de la noche, las tropas del ejército Hamburguesista arrasaron todos los locales de comida rápida en Hamburgo y comenzaron una siniestra marcha de invasión.
El Barón avanzó a lo largo de Europa, conquistando el mercado de alimentos ahí donde llegaba. Sometió a los amantes del kielbasa en Polonia, erradicó a los productores de pasta italianos y derrotó a los panaderos franceses de croissants en la batalla de los Bollos. El régimen de la hamburguesa crecía rápidamente, y no fue hasta la intervención de las fuerzas inglesas, dirigidas por Winston Biscuit, que encontró verdadera oposición.
Ingleses y hamburguesistas se enfrascaron en una cruenta lucha que no parecía tener ganador. Sin embargo, las ambiciones del Barón eran grandes y decidió aumentar su territorio en oriente, dispuesto a derrocar a los jeques del falafel. La amenaza a la comida oriental determinó la intervención del general japonés Hideyoshi Sushi, cuyas tropas llegaron a Europa armadas con palillos y salsa de soya.
El Barón no pudo contener la guerra en dos frentes y finalmente fue derrotado. Se le sometió a juicio, y fue condenado a probar otro tipo de comida para terminar con sus prejuicios. Heinz Bürgen se suicidó en su celda, prefiriendo la muerte antes de traicionar sus ideas.
No se ha visto un conflicto de comida rápida tan feroz desde entonces, a no ser que se considere la guerra civil del Pollo Frito en Estados Unidos. Pero una cosa es segura, el mundo espera que algo así no se repita jamás.
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Así que no lo piensen más y solicítenlo antes de que se acabe. Pronto les informaremos de la firma de autógrafos (aunque no podemos garantizar la asistencia de Dionysius, él aún los odia a todos).