Desde pequeño, Howard sabía lo que deseaba ser en la vida: piloto de combate. Apenas siendo un niño se dedicó a coleccionar modelos de aviones, los tenía todos, desde el prototipo de los Wright hasta los caza bombarderos. Le gustaba ir a los aeropuertos y mirar los despegues durante horas.
Sus ídolos eran Francesco Baracca, piloto francés, y por supuesto Manfred Von Richthofhen, el célebre Barón Rojo. Al cumplir los 15 años, Howard fue a vivir con sus tíos a una granja y ahí aprendió a pilotear la avioneta que usaban para fumigar cultivos. Cuando volaba sobre los campos, sólo pensaba en el día que pudiera vivir una batalla aérea.
Con la mayoría de edad se enlistó en la fuerza aérea. Sus calificaciones fueron las mejores y se graduó con honores. No había quien le ganara en las prácticas, y su maestría como aviador fue conocida en toda la armada.
A pesar de los honores recibidos, lo único que Howard deseaba era entablar un combate real. Se imaginaba surcando el cielo, eludiendo a sus enemigos y disparando a discreción. Eso era lo único que le hacía falta para ser feliz.
Howard fue paciente, esperó y esperó pero ninguna batalla se presentó. Los años pasaron y la guerra cambió. Ya no había batallas aéreas, a lo mucho bombardeos, pero eso no interesaba a Howard y su espíritu romántico.
Howard se negaba a cualquier misión que no tuviera que ver con una batalla, y así comenzó a envejecer. Tuvo que retirarse de la fuerza aérea, pero no lo hizo hasta que le prometieron que el día en que hubiese un combate lo llamarían así tuviera 100 años.
Actualmente, Howard vaga por las calles, viste su uniforme favorito y avanza con la mirada clavada en las nubes; al parecer espera ver en el cielo un estallido o alguna señal que le llame a la lucha. Ha dejado de hablar, y se le ha visto subir a los aviones de monedas en mini – supers y centros comerciales.
Dulcamara Inc. esta usando todos sus recursos para ocasionar un conflicto internacional, pero hacer la guerra sale muy caro, se necesita incordiar, intrigar, chantajear y amenazar. Sólo ustedes pueden ayudarlo, háganlo por Howard, que si hubiera una lucha armada, él daría su vida por ustedes.
Esperamos sus donaciones y les invitamos a participar en la Fundación Dulcamara. Si tienen un sueño que cumplir pero la vida les ha sido injusta, pónganse en contacto con el Doctor, expongan su caso, y si nos resulta lo suficiente melodramático, nos aseguraremos de hacer sus sueños realidad.
drdulcamara@gmail.com
